Category Archives: Medio ambiente

¿Qué queremos los que menos tenemos?

Mayor preocupación en Europa, pero no una prioridad global

Por BJÖRN LOMBORG – 5/12/2015

El dicho ‘principal problema mundial’ se ha convertido en una forma trivial de desestimar los quejidos de los privilegiados. Pero el calentamiento global es sin duda un desafío que preocupa mucho más al mundo desarrollado que a los más pobres del mundo.

PARÍS.- No hay un solo activista del clima a la vista aquí donde se desarrolla la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Le Bourget, a las afueras de París. Comprensiblemente, el área ha sido sellada, por lo que no hay mucha audiencia.

Mientras que marchas planificadas han sido canceladas por razones de seguridad, hay todavía manifestantes que las están empujando con pasión hacia dentro de las negociaciones sobre el clima para presionar por un tratado más drástico.

Muchos de estos manifestantes afirman que hablan en nombre de los pobres del mundo. Ellos dejan en claro a los participantes de la conferencia — negociadores climáticos, políticos, burócratas y los medios de comunicación del mundo– que la acción por el calentamiento global es la prioridad más urgente en el mundo ahora mismo.

Sin embargo, no lo es. Los activistas aquí son bien intencionados y genuinos. Pero sus pasiones y los intereses de los pueblos más desfavorecidos del mundo, no son lo mismo.

Cuando miramos al mundo en desarrollo, debemos reconocer los progresos recientes: enormes logros en la esperanza de vida, un acceso ampliado a la educación, y tasas más bajas de pobreza y hambre. Pero el mundo tiene un largo camino por recorrer para mejorar la calidad de vida de las personas. (Aquí hay 19 inversiones estupendas avaladas por premios Nobel que deben priorizarse).

La ONU les ha preguntado a más de 8 millones de personas en todo el mundo cuáles son las políticas que priorizan. Tanto para el mundo entero como para los que viven en los países más pobres, el clima resultó 16° entre 16 opciones, después de otras 15 prioridades.

En cambio, los que no tienen voz en el mundo claramente nos dicen sus principales prioridades: educación de calidad es la principal demanda, seguida de una mejor atención a la salud, mejores oportunidades de trabajo, un Gobierno honesto y sensible, y alimentos nutritivos accesibles.

El dicho ‘principal problema mundial’ se ha convertido en una forma trivial de desestimar los quejidos de los privilegiados.

Pero el calentamiento global es sin duda un desafío que preocupa mucho más al mundo desarrollado que a los más pobres del mundo.

Los activistas en las calles de París pueden argumentar que otros problemas se agravarán por el cambio climático. La malaria se hará más endémica; la comida se convertirá en más escasa; los desastres climáticos se volverán peores. Esto puede ser cierto, pero el mismo argumento vale para casi todos los problemas: Más malaria no sólo mata, sino que reduce la asistencia escolar, afecta a los sistemas de salud, erosiona las economías y convierte a todos en más vulnerables a otros desafíos.

Hay gran pasión aquí en París. Pero la pasión sobre las cuestiones climáticas simplemente no es lo que nos dicen que necesitan los más desfavorecidos del mundo.

El autor es director del Copenhagen Consensus Center y autor de los best seller “El ecologista escéptico” y “Cool It”.

Considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, una de las 75 personas más influyentes del siglo XXI por la revista Esquire y una de las 50 personas capaces de salvar el planeta por el periódico The Guardian, del Reino Unido.

 

Ayuda y más ayuda para el cambio climático

París debe quitar el “clima” de la “ayuda climática”

Por BJORN LOMBORG – 4/12/2015

PARÍS.- Un tema sobre el que estamos escuchando más y más aquí en París es sobre la llamada “ayuda climática”. Ha habido un enorme empujón de ONG del clima para convencer a los países ricos de gastar una fortuna en ayuda a los países pobres, para que estos puedan adaptarse al calentamiento global. Este término es un cajón de sastre de dinero que los países ricos brindan a los países pobres para la educación sobre calentamiento global, paneles solares, adaptación, o cualquier cosa imaginable que se pueda relacionar con el calentamiento global.

El impulso ya ha tenido un efecto. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos   (OCDE) ha analizado alrededor del 70% de la ayuda total al desarrollo mundial y encontró que uno de cada cuatro de esos dólares ahora se desvía a la ayuda relacionada con el clima.

Anteayer, el primer ministro de Australia, Malcolm Turnbull, se comprometió a desviar casi $us 1.000 millones del presupuesto de ayuda al desarrollo de su país a la ayuda climática. En octubre el presidente del Banco Mundial Jim Yong Kim se comprometió a un aumento de un tercio en el financiamiento directo del banco relacionado con el clima, llevando el total anual del banco a un estimado de $us 29 mil millones en 2020. En septiembre, el presidente de China, Xi Jinping, se comprometió a igualar los $us 3 mil millones prometidos  por el presidente Obama en ayuda para el Fondo Verde para el Clima de la ONU. El Reino Unido desviará $us 8900 millones de su presupuesto de ayuda exterior a la ayuda relacionada con el clima durante los próximos cinco años, y Francia promete $us 5,6 mil millones al año para el 2020 frente a los $us 3,4 mil millones de hoy.

Para muchos delegados presentes aquí, el objetivo es que la cantidad gastada internacionalmente en ayuda climática ascienda hasta unos sorprendentes $us 100 mil millones al año. Esta cifra resultó de la malograda cumbre climática de Copenhague hace seis años, cuando los países desarrollados hicieron una promesa imprudente de gastar $us 100 mil millones al año en “la financiación del clima” para los pobres del mundo hacia 2020.

Rachel Kyte, vicepresidente del Banco Mundial, y enviada especial para el cambio climático, dijo recientemente al diario The Guardian que la cifra de $us 100 mil millones “fue escogida al azar en Copenhague” para rescatar un acuerdo de último momento. Sin embargo, en la forma en que estas cosas suelen suceder, logar esa meta arbitraria se ha convertido en fundamental para el éxito de la cumbre de París.

Estoy profundamente perturbado por este desarrollo y por el enfoque dado en París basado en negociar un acuerdo que se construye en torno a la ayuda climática.

Mucho de este dinero para “ayuda climática” no es nuevo. No se extrae de los presupuestos existentes para cambio climático. En lugar de ello, está siendo extraído de los fondos de ayuda y de desarrollo existentes. El dinero se está desviando a las cuestiones relacionadas con el clima en detrimento de mejoras en la salud pública, la educación y el desarrollo económico.

En un mundo en el que la desnutrición sigue cobrándose al menos 1,4 millones de vidas de niños cada año, 1.200 millones de personas viven en la pobreza extrema, y 2.600 millones carecen de agua potable y saneamiento, este creciente énfasis en ayuda climática es simplemente inmoral.

Como señalé ayer, una encuesta en línea de las Naciones Unidas realizada a más de ocho millones de personas de todo el mundo muestra que los encuestados de los países más pobres del mundo clasificaron la “acción contra el cambio climático” en el último lugar de las 16 categorías cuando se les preguntó “¿Qué es más importante para usted?”.

Proporcionar a los países más desfavorecidos del mundo paneles solares en lugar de una mejor atención a la salud o educación, es una autocomplacencia imperdonable. Las fuentes de energía verde pueden ser buenas para mantener prendida una única luz o para cargar un teléfono celular. Pero son en gran medida inútiles para hacer frente a los principales retos energéticos que demandan los pobres del mundo.

La ayuda climática es una de las formas menos efectivas de ayudar a los más desfavorecidos. Las reducciones de carbono del Protocolo de Kioto habrían evitado 1.400 muertes por malaria por unos $us 180 mil millones al año. Apenas medio millón de dólares gastados en políticas directas contra la malaria, como mosquiteros, podrían salvar 300.000 vidas. La inversión directa en investigación agrícola y mejores tecnologías agrícolas ayudará a la agricultura mucho, mucho más que las políticas climáticas. Ayudar a la gente a salir de la pobreza es miles de veces más eficaz que depender de las reducciones de carbono.

La ayuda climática no es la mayor ayuda que pueden dar los países ricos, y no es lo que quieren o necesitan los más pobres del mundo.

El autor es director del Copenhagen Consensus Center

Perspectivas al cambio climático

¿Qué haría falta para que París tenga éxito?

Por BJÖRN LOMBORG – 3/12/2015

Hay un enorme foco puesto ahora en las políticas de la COP21 que se celebra en París. ¿Los países pobres obtendrán la ‘ayuda climática’ que quieren? ¿China acordará reducir su crecimiento, dejando a millones de personas más en la pobreza, al comprometerse a reducciones de carbono de largo alcance? ¿Cuál será el tenor del tratado emergente?

Es fácil volverse cínico. En lugar de eso, demos un paso atrás y formulemos una pregunta mucho más interesante: ¿qué haría falta para que París tenga éxito? Con esto no quiero decir que los delegados logren firmar algún tipo de tratado.

Quiero decir, ¿qué haría falta para que París tenga un verdadero impacto en el cambio climático?

La investigación sugiere que la iniciativa de política climática sobre la cual se basaría un tratado efectivo sería una sobre la cual hemos escuchado muy poco acá en París: un masivo esfuerzo de I+D para hacer la energía verde más barata.

Durante 20 años hemos insistido en tratar de resolver el cambio climático mediante el apoyo a la producción de energía, principalmente solar y eólica. El problema con este enfoque es que pone el carro delante del caballo. Las tecnologías verdes aún no están maduras y aún no son competitivas, pero insistimos en promoverlas al mundo.

En lugar de aplicar subsidios a la producción, los Gobiernos deberían centrarse en hacer que la energía renovable sea más barata y competitiva a través de la investigación y el desarrollo. Una vez que el precio de la energía verde se haya innovado por debajo del precio de los combustibles fósiles, todo el mundo querrá adoptarla.

Este simple mensaje ha sido rechazado durante mucho tiempo como una herejía. Se me ha etiquetado como un “negador climático” y todo tipo de cosas para cuestionar el enfoque del status quo. Pero las cosas están mejorando. Ayer, Bill Gates, junto con China, India y los EEUU prometieron un fondo multimillonario para I+D verde. Y The Economist esta semana destacó que la principal solución al cambio climático era la innovación. Más aún, un número de prominentes investigadores británicos y personas de negocios sugirieron un enfoque mucho mayor en investigación y desarrollo verde a través de un “Programa Apolo” para la energía renovable –lleva el nombre del programa espacial estadounidense que aterrizó al primer hombre sobre la Luna–. Así como un apoyo masivo para la investigación y el desarrollo nos llevó a la luna, el objetivo es que un enfoque masivo en investigación y desarrollo verde haga que las formas de energía amigables con el clima sean competitivas.

Los promotores del proyecto sugirieron específicamente que un 0,02 por ciento anual del PBI se destine a investigación y desarrollo verde. Incluso el hombre detrás del famoso ‘Informe Stern’, Nicholas Stern, quien en el pasado ha sido el responsable de promocionar un enfoque muy estrecho sobre los subsidios a la producción, es uno de los patrocinadores de la propuesta.

Ésta es una gran noticia. Y es precisamente lo que el Copenhagen Consensus y yo hemos sostenido durante más de ocho años.

Durante el proyecto del Copenhagen Consensus sobre el Clima, 28 economistas climáticos y un panel de expertos -entre ellos tres premios Nobel-, hallaron que la mejor estrategia climática a largo plazo es aumentar drásticamente la inversión en I+D verde, siendo cada dólar gastado en I+D verde 100 veces más eficiente para evitar el daño climático que invertir en la tecnología de energía solar y eólica ineficiente de hoy.

Hay otros componentes que hacen a un tratado climático exitoso – como la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles. Pero una cosa que es cierta es que no vamos a hacer una exitosa mella en el aumento de la temperatura hasta que resolvamos el reto tecnológico. De esto debería tratarse la conversación en París.  

El autor es director del Copenhagen Consensus Center.

Cambio climático

¿Qué es el Cambio Climático?

La evidencia científica del cambio climático es indiscutible, esto según lo planteado por el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) organización internacional líder sobre el tema del cambio climático. O como lo plantea la EPA (Agencia de Protección del Ambiente de EE.UU.), “El cambio climático está sucediendo” y que “la evidencia es clara”.

Cambio 1

Cambios en precipitaciones

Cambios estimados en precipitaciones en el mundo para fines del Siglo XXI

El cambio climático es definido como un cambio estable y durable en la distribución de los patrones de clima en periodos de tiempo que van desde décadas hasta millones de años. Pudiera ser un cambio en las condiciones climáticas promedio o la distribución de eventos en torno a ese promedio (por ejemplo más o menos eventos climáticos extremos). El cambio climático puede estar limitado a una región específica, como puede abarcar toda la superficie terrestre.

El término, a veces se refiere específicamente al cambio climático causado por la actividad humana, a diferencia de aquellos causados por procesos naturales de la Tierra y el Sistema Solar. En este sentido, especialmente en el contexto de la política ambiental, el término “cambio climático” ha llegado a ser sinónimo de “calentamiento global antropogénico“, o sea un aumento de las temperaturas por acción de los humanos.

Dioxido

Concentración de dióxido de carbono (CO2) Atmosférico

En las revistas científicas, “calentamiento global” se refiere a aumentos de temperaturas superficiales, mientras que “cambio climático” incluye al calentamiento global y todos los otros aspectos sobre los que influye un aumento de los gases de efecto invernadero.

La evidencia se basa en observaciones de los aumentos de temperatura del aire y de los océanos, el derretimiento de hielos y glaciares en todo el mundo y el aumento de los niveles de mar a nivel mundial y otras señales claras de cambio.

Hechos indiscutibles:

Aumento de las temperaturas a nivel mundial, 11 de los últimos 12 años han sido de los años más calurosos que se tienen en registro desde 1850. El aumento de temperatura promedio en los últimos 50 años es casi el doble del de los últimos 100 años. La temperatura global promedio aumentó 0.74ºC durante el siglo XX.

Hay más CO2 en la atmósfera, el dióxido de carbono es el contribuidor principal y dominante al cambio climático actual y su concentración atmosférica ha aumentado desde un valor de 278 partes por millón en la era preindustrial hasta 397 ppm en la actualidad.

Evidencia del Cambio Climático

Años

Los científicos mundiales han determinado que el aumento de la temperatura global debería limitarse a 2ºC para evitar daños irreversibles al planeta y posteriores efectos desastrosos sobre la sociedad humana.

Para lograr evitar este cambio irreversible y sus efectos, las emisiones de gases de efecto invernadero deberían alcanzar su máximo en el 2015 y disminuir progresivamente después de esa fecha hasta alcanzar una disminución del 50% para el año 2050. Si ven las gráficas del CO2 atmosférico notarán que no hay una disminución sino lo contrario, un aumento del nivel.

Más información en Wikipedia.

Sitio oficial del IPCC.

Los platos rotos casi siempre los pagan otros.

El arco de la justicia climática

Por SHERRY REHMAN – Los tiempos 2/12/2015

Independientemente del acuerdo final en París, los negociadores climáticos deben garantizar que las pérdidas acumuladas resultantes de las emisiones globales se distribuyan equitativamente y no constituyan una carga sólo para quienes sufren los mayores perjuicios

ISLAMABAD – Por una dolorosa ironía del cambio climático, las personas menos responsables del problema a menudo son quienes más expuestas quedan a sus estragos. Y si hay un país víctima de esta injusticia climática, ese es Pakistán.

Mientras los líderes del mundo se preparan para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París, Pakistán aún no se recupera de los efectos de las devastadoras inundaciones que dañaron edificios, destruyeron cosechas, se llevaron puentes y mataron a 238 personas.

Estas tragedias relacionadas con el clima no son nuevas para Pakistán, pero sí su frecuencia y ferocidad. Las inundaciones mortales se han convertido en eventos anuales; en 2010, lluvias récord mataron a casi 2.000 personas y expulsaron a millones de sus hogares. Además de combatir en una de las batallas campales más feroces del mundo contra el terrorismo, Pakistán debe hacer frente a un clima cada vez más violento, que está elevando el costo de los alimentos y del agua limpia, amenazando la provisión energética, socavando la economía y planteando una poderosa y costosa amenaza a la seguridad.

Hay pocas dudas de que las tribulaciones climáticas del país se deben, al menos en parte, a las emisiones de gases de efecto invernadero que los países industrializados vienen lanzando a la atmósfera desde los inicios de la revolución industrial. Incluso hoy día, Pakistán produce menos del 1% de las emisiones mundiales. Mientras tanto, este país queda continuamente clasificado entre los más vulnerables a los efectos nocivos del cambio climático, debido a su demografía, geografía y condiciones climáticas naturales.

Entre 1994 y 2013, el cambio climático costó a Pakistán unos 4.000 millones de dólares en promedio. Para dar una idea, en 2012, el terrorismo en Pakistán generó pérdidas de aproximadamente 1.000 millones de dólares. Cuando el país no padece inundaciones, es afectado por sequías –es uno de los que más estrés hídrico sufre, según el Banco Asiático de Desarrollo–.

Y el cambio climático está agravando ambos problemas, derritiendo los glaciares y el manto de nieve que sirven como reguladores naturales del flujo del agua, mientras el aumento de la erosión causado por las inundaciones contribuye al enlodamiento de los reservorios más importantes.

Mientras tanto, el aumento de las temperaturas incrementa la probabilidad de plagas y enfermedades en los cultivos, poniendo en peligro la productividad agrícola y sometiendo a la población a olas de calor cada vez más frecuentes. La elevación de los niveles del mar está aumentando la salinidad de las áreas costeras, dañando los manglares y amenazando las zonas de reproducción de especies ictícolas. Y la mayor temperatura del océano da lugar a ciclones más frecuentes y poderosos, que ponen en peligro la costa del país.

Las perspectivas para el futuro no son menos alarmantes: aumentará el estrés hídrico, habrá más crecidas rápidas de los ríos y agotamiento de las reservas de agua del país. Las proyecciones estiman que para 2040 un aumento promedio en las temperaturas de 0,5°C podría destruir el 8-10% de los cultivos paquistaníes.

El peso de esta carga no debe caer solo sobre los hombros de Pakistán. Hasta el momento, los avances en las negociaciones internacionales de cambio climático han sido, en el mejor de los casos, marginales. Los grupos de presión relacionados con los combustibles fósiles, los gobiernos reticentes en los países industrializados y los electorados desvinculados de estas cuestiones han demorado y obstruido el surgimiento de un acuerdo sólido para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero, si bien las expectativas de un avance significativo en la lucha contra el cambio climático en París son optimistas, se debe impulsar una distribución equitativa de los costos del calentamiento global.

A pesar del aumento de la financiación para la adaptación y mitigación climática en los países en vías de desarrollo, la participación de Pakistán se ha mantenido en niveles muy reducidos respecto de los desastres que ha sufrido tan solo en los últimos cinco años. Para 2050, el costo anual promedio de la adaptación al cambio climático en Pakistán será de 6.000-14.000 millones, según la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático. La mitigación costará 17.000 millones de dólares anuales adicionales.

Mientras continúan los terribles efectos del cambio climático, Pakistán no puede permitir que queden sin compensación alguna los miles de millones de dólares que sufren por daños a manos de los mayores contaminadores del mundo.

Independientemente del acuerdo final en París, los negociadores climáticos deben garantizar que las pérdidas acumuladas resultantes de las emisiones globales se distribuyan equitativamente y no constituyan una carga solo para quienes sufren los mayores perjuicios.

Pakistán es uno de los países que menos contaminan el mundo, está entonces en todo su derecho a buscar recursos y fondos para hacer frente a las consecuencias de problemas de los que no es responsable. Este también es el caso de muchos otros países. Nuestra demanda de un mecanismo internacional vinculante para distribuir la carga del cambio climático –un mecanismo para garantizar la justicia climática– no debe ser desoída en París.

El autor ha sido ministro federal de información de Pakistán y su embajador ante los Estados Unidos. Actualmente es senador, vicepresidente del Partido del Pueblo Paquistaní y presidente del Instituto Jinnah.

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